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Día 5 de enero de 2014. Es domingo por la tarde y estoy en la calle, paseando por Valencia. Hoy he dejado de lado mi cita con la siesta dominical por una buena razón, toca ir a la Filmoteca.

Solo hay un problema, es la noche de Reyes y eso significa que la ciudad ha entrado en un caos absoluto. El ansia por ver a sus majestades y recibir golpes en forma de caramelos desquicia a la gente, que se apretuja en las calles desde el mediodía para coger sitio y esperar a que pase la cabalgata.
“Toda la vida he luchado por proteger a mi familia”, piensa alguno.

“Mira lo que han hecho con mi hijo”, dice el otro.

Mientras tanto, esquivo y esquivo a esa multitud, agolpada entre la Calle de la Paz y la Calle San Vicente, todos esperando a que pasen los magos de Oriente, que este año vienen patrocinados por Plátano de Canarias.

Y por fin consigo cruzar al otro lado de la Plaza del Ayuntamiento. Son las 17:15 y la cola para entrar al cine llega hasta la esquina con la Calle de la Barcelonina. Si empieza a las seis, ¡qué barbaridad! Desde que hicieron Los cuatrocientos golpes no veía tanta gente para coger una entrada, está lleno de yayos anticabalgata. Y yo les apoyo eh, de los niños que se encarguen los padres joder, esta es una gran tarde para ir al cine.

La excusa es inmejorable, y es que hoy proyectan El Padrino. Tras una agradable espera, por fin consigo un par de entradas y subimos hasta el cuarto piso del edificio Rialto. La sala Luis García Berlanga está llena, acaban de apagar las luces y el silencio es total. Aparece el logo: Paramount Pictures. Una historia de Mario Puzo, dirigida por Francis Ford Coppola.

 I believe in America” escuchamos, mientras la imagen abre desde negro. Por supuesto, es en versión original y por un momento parece que hemos retrocedido hasta 1972. La sensación es fantástica, la última vez que habían hecho la película en pantalla grande no pude ir, pero esta vez no podía rechazar la oferta: ver El Padrino por 1 euro!!

Ya me lo estaba imaginando…era el día del estreno, un 24 de marzo de 1972 y me encontraba en un cine de Chicago. Toda la ciudad estaba nevada y yo, en la puerta ya a cubierto, esperaba para conseguir una entrada de la película más esperada. La expectación es máxima, ha venido hasta la mafia y la presencia de Marlon Brando es sinónimo de éxito.

Tras unos minutos de delirio, volvemos a Valencia y sigo fascinado. Es un lujo ver de esta forma la película, muy difícil no ponerse nostálgico. Como diría mi abuelo, “ya no se hacen películas como las de antes”. Y es verdad, pero es que ya no es solo por eso. Es la sensación, la forma de disfrutar al fin de una película como El Padrino, al completo. Como decía mi compañera Irene en un artículo, hay que seguir reivindicando el cine como ritual.

A la mayoría no le voy a descubrir nada con este artículo, tal vez a ninguno, pero hoy era el momento de reivindicar el valor de la filmoteca. Además de acercarnos al cine de Méliès, Dziga Vertov o Max Ophüls, también  es el mejor sitio para disfrutar de los grandes clásicos como nunca los hemos vivido, incluso con música en directo: El Maquinista de la general, Casablanca, Nosferatu, El Apartamento o Tiempos Modernos, etc…

Vuelvo a estar nostálgico y necesito trasladarme a la Cinemateque de París para disfrutar junto a Michael Pitt, Eva Green y Louis Garrel del fabuloso aroma del buen cine, pensar en Bertolucci y recordar esa escena de Soñadores que homenajeaba la Banda Aparte de Truffaut, esa en la que todos hemos querido echar a correr por el Louvre.

“Cada hombre tiene su propio destino” y el mío, este 5 de enero, era el de disfrutar por fin de El Padrino en pantalla grande. Y para los que podáis, este viernes 10 a las 20:30 y el sábado 11 a las 18:00, proyectan El Padrino II en la filmoteca. El mejor cine en el cine.