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1.14 de la mañana. Acaba de terminar la gala de los premios Goya hace unos minutos, pero aún no he apagado la tele. Emiten Azuloscurocasinegro de Daniel Sánchez-Arévalo, que como el propio director predijo en su tuiter, “la ponen como premio de consolación”. La gran familia española se ha llevado sólo dos premios de los once a los que optaba (Mejor Canción original para Do you really want to be in love de Josh Rouse y Mejor Actor de reparto para Roberto Álamo), por lo que supongo que Daniel no se llevará el mejor recuerdo posible de la gala. Ni él ni el resto de España, PORQUE VAYA COÑAZO, SEÑORES.

 

Madre mía, todo el año esperando este día para esto. Qué decepción. A punto he estado de escribirme en la frente “Andreu, vuelve, te necesitamos” e irme a la puerta del auditorio a manifestarme con los de Coca-Cola, pero no soy Lety de QQCCMH y no me cabía, así que me quedé en el sofá a tuitear mucho y muy fuerte. No es que Manel Fuentes me caiga mal, no soy hater de esas (porque no tengo trabajo pero tampoco me sobra tanto el tiempo para emplearlo en odiar a este señor) pero yo que sé, me esperaba más. Que fuese mínimamente gracioso. Que no hubiese agotado todas las existencias de Max Factor de Madrid. Que no hiciese a estas alturas más chistecitos con Fernando Trueba. Que no le pidiese disculpas después. No sé, cositas.

Pero no sólo Manel ha tenido la culpa. La gala ha sido una bajona por muchas razones. La primera, Resines no ha rapeado. La segunda, el ministro Wert no ha ido y reírse de alguien si no está presente es mucho menos divertido que cuando sí lo está. La tercera, la gente sigue sin hacer ni puto caso a lo de los discursos breves. Durante los agradecimientos de algunos de los premiados, como Javier Pereira (mejor actor revelación. No en serio.), Jaime de Armiñán (Goya de Honor) o Marian Álvarez (mejor actriz) a Quim Gutiérrez le ha dado tiempo a rodar otra película, el realizador de la gala encontró por fin a J.A. Bayona entre el público tras más de media hora enfocando a su hermano, y Lucía Etxebarría se ha cansado de quejarse de que no hay barra libre y por fin ha accedido a pagarse una cerveza. La cuarta razón es que no ha habido ninguna equivocación de sobres este año, algo que dio mucha vidilla y cientos de tuits súper ingeniosos en los premios de 2013. La quinta, Ivonne Reyes y Mabel Lozano tenían invitación al sarao y yo no. La sexta, el mal rollo que da siempre el homenaje a la gente fallecida, que en el último año han sido MOGOLLÓN. La séptima, González Macho. Yo que sé, igual dijo cosas interesantes, pero perdí el hilo a la tercera frase. La octava, Resines no ha rapeado. En serio, me parece fatal.  La novena, Miguel Ángel Muñoz sigue sin cantar ‘Tú dirás que estoy loco, loco, loco, loco’ cuando aparece en público. Y la décima, por parar en algún momento, el número musical. Todos los años lo mismo. Que no nos sale, asumámoslo ya. Manel no es Neil Patrick Harris. No podía salir bien. Era imposible.

Pero también ha tenido momentos bonitos, como los emotivos agradecimientos de Terele Pávez (mejor actriz de reparto), Javier Cámara (mejor actor) o David Trueba (mejor guión original y mejor director), eternos nominados que por fin se han llevado merecidos premios. ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ ha sido la gran triunfadora de la noche, llevándose los galardones a mejor película, mejor director, mejor guión original, mejor actor, mejor actriz revelación (Natalia de Molina) y mejor música original. Por su parte, ‘Las brujas de Zugarramurdi’ (ZugarramuNdi para más de uno de los “entregadores”) ganó en número y se llevó ocho premios, casi todos técnicos. La Herida se llevó dos, Todas las mujeres uno, Caníbal otro y 15 años y un día una palmadita en la espalda para Gracia Querejeta y un vale por dos cervezas a precio de una. Lucía Etxebarría está muy enfadada por esto.

Entre las apariciones estelares de la noche hay que destacar la del cocinero Alberto Chicote, que tanto lo peta con sus Top Chef y Pesadilla en la cocina, y por supuesto, la de la tropa chanante. Nuestros queridos Ernesto Sevilla, Joaquín Reyes, Carlos Areces y Julián López, con ayuda de Raúl Arévalo, Miguel Esteban o Javier Botet, y a pesar de no haber hecho tanta gracia como el año anterior, aparecieron en la gala a modo de salvadores de la humanidad y del sueño profundo. Mención especial para Reyes, que no quiso ser menos que las chicas de Femen y él también quiso enseñar pechos. (Nota personal de la autora: espero que todos cantaseis en ese momento ‘Me he puesto tetas’ de Berto & Borderboys, porque de lo contrario no merecéis vivir). Y desde aquí hago un llamamiento: que alguien en esa Academia recapacite y decida de una vez por todas poner a esta gente a presentar la gala, por favor, porque como repita Manel Fuentes el año que viene, les va a faltar tiempo para hacer un ‘In memoriam’ con todos los que nos moriremos de aburrimiento.