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Lo recuerdo como si fuese ayer. Estaba viendo la tele. Uno de esos programas tontos de cocina con chistes jocosos y recetas que son muy chulas en imagen, pero que luego intentas hacer y distan mucho de la realidad. Estaba absorto en mis pensamientos, cuando el sol apareció para joderme, como todos los días, oscureciendo la imagen de mi televisor. Y justo en ese momento le vi. Me contemplaba sorprendido, como si nunca me hubiese visto. He de reconocer que me ruboricé, me miraba fijamente y eso siempre te pone nervioso. Me hice el despistado y miré hacia otro lado, pero cuando volví la vista, ahí estaba, examinándome de nuevo, con cara de empanado. Le pregunté ¿qué tal todo? Por preguntar algo, vamos, uno nunca sabe que preguntar a alguien que no para de mirarte. Era de suponer que no iba a contestar. Así que le volví a hablar: - Pues parece que va a llover ¿no? 

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Vaya papelón me ha tocado. “Escribe algo así entretenido para el Día de la Hispanidad, Lucía. Algo sobre España”. Y se quedan tan panchos. ¡Algo sobre España! ¿Algo sobre la tasa de paro? ¿Algo sobre la Armada Invencible? ¿Algo sobre Bertín Osborne? ¿Algo sobre Bertín Osborne liderando la Armada Invencible? Ay, qué papelón. Al final, tras un esfuerzo casposo/intelectual importante, he decidido simplemente escribir una lista con cosas que me gustan A MÍ de España, sin contar con Quim Gutiérrez porque es demasiado obvio.

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Te escribo esta carta, una carta cualquiera y a la vez especial como ninguna. La escriben mis manos, pero los que hablan son otros. La remiten mi pecho, mi corazón y esa alma que has cuidado durante todo este tiempo, antes incluso del nacimiento de mi valiosa memoria.

Aún recuerdo los primeros días de colegio, los que yo tan sólo quería estar contigo y me dejabas en la puerta de clase, mirabas desde fuera un par de minutos y te ibas a trabajar. Llamaba “mamá” a la profesora, y sé que no era costumbre, quería que tú me enseñases todas esas cosas, siempre has sido la mejor maestra. 

Gracias madre por las noches sin dormir y los deseos de vivir en un mundo mejor. Los besos curativos con tu marca de heroína. Tus manos suaves, esas que pueden sujetar cualquiera que sea el peso de un problema.

Has sabido calmar llantos desconsolados, esos momentos en que piensas que nada en el mundo podrá ayudarte. Eras la salvación mamá. Tu dolor y alegría son sin duda una fuerza que jamás ningún científico podría calcular. Tus lágrimas son la cura a cualquier pandemia.

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El sol, la dulce brisa marina ondeando su melena, tus ojos brillantes esperando que se acerque y te bese. Hace aire, las olas rompen contra la orilla mientras su mirada sigue en el fondo del océano. No se gira, ni si quiera cuando le pones tu mano encima de la suya. Susurras su nombre, pero da lo mismo, sigue con esa mirada perdida. Tragas saliva, algo pasa. Las palabras mágicas se forman en tu cabeza, intentas resistirte para no lanzarlas al vacío, pero no puedes más. Las sueltas: - ¿Te pasa algo?-. Entonces llega el shock, los aplausos en tercera fila de un cine al que nunca irías. El oscar a la mejor interpretación viene seguida de un discurso cortante, seco: -Quiero dejarlo.