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Seguramente tú, querido lector, siendo un distinguido miembro del género masculino, te has encontrado alguna vez con esa chica enigmática y atrayente de uñas pintadas que no dejaba de hablar un tal Santi Balmes. Es esa que, después de un par de cafés en el bar donde ese escritor que tanto le gustaba escribía el libro ese que dijiste que habías leído (ay bribón) y tras una película afgana y otra sueca en la filmoteca, acabó arrastrándote al concierto de unos tal Supersubmarina. Sí, ese concierto que parecía que siempre tocaban la misma canción.  Probablemente, mientras la mirabas maravillado como berreaba cantaba cada una de las canciones, empezaste a albergar un mínimo de esperanza con la susodicha. Sin embargo, fue al final del concierto cuando te percataste que ella estaba enganchada a la boca de un tío con una barba digna de un náufrago, mientras tú estabas cogido de la mano del amigo de éste, y no de tu pretendida. Así,  sin darte cuenta aún de todo lo que había pasado y tras prometerle al amigo del náufrago que le llamarías (angelito…), te encontraste en tu casa intentando entender lo sucedido. Así que, para ti, que casi pierdes el contacto con la realidad y empezabas a ver la homosexualidad como una opción, te presentamos una guía para como localizar y sobrevivir a una chica indie, además de servir de un acercamiento para llegar a entenderlas (SÍ SE PUEDE). O algo así.

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Hace demasiado tiempo que no hablamos de mi deporte favorito. Pero hoy tampoco vamos a hablar de curling, joder, sino de ba-lon-ces-to.  En concreto, de los aventureros españoles que han cruzado el charco para huir despavoridos de los análisis post-partido del clásico y ya de paso jugar en la NBA. Desde Fernando Martín hasta Ibaka (HOLA, NEGRO GUAPO) pasando por el homeless de Garbajosa, han sido unos cuantos afortunados los que han conseguido cumplir su sueño: jugar “en la mejor liga del mundo” y tener fácil acceso a las armas con las que, por lo visto, se hace mucho más ameno lo de forzar inocentes cheerleaders. Y con lo que facilita las relaciones amorosas no hablar el mismo idioma…

Pues para esos desperdicios humanos que no saben nada de baloncesto, vamos a repasar los nombres de los jugadores claves del baloncesto español que han tenido los cojones de meterse en esos vestuarios llenos de negros. A ver si la envidia me deja escribir.

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1. Históricamente, las fallas solían comenzar el primer día del año en el que hace calor. Entonces, cada valenciano salía a la calle y pronunciaba en voz alta: Hoy hace día de Fallas. Pero todo ha cambiado en este 2015. A partir de ahora tan solo la todopoderosa Rita podrá proclamar desde el balcón: Ya está aquí el caloret del veran (sic).

2. Las Fallas dividen a la población valenciana más que si coincidieran en franja horaria televisiva Gandia Shore con Mujeres, Hombres y Viceversa. Durante un número de días indeterminado (es como la Feria de Abril, dura lo que te da la gana) Valencia vive un Falleros vs Predator en los que los valencianos no practicantes de Fallas (VNPDF) acaban locos, sordos o solicitando el exilio.

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Yo debería haber nacido en una familia adinerada del Hollywood de 1930. Lo sé. Mi sitio estaba allí. Yo debería de haber sido peluquera de Katharine Hepburn, o profesora de interpretación de Cary Grant, o asesora de Hitchcock, o amante de Bogart, de Hepburn, de Grant y de Hitchcock a la vez. Lo típico, vamos. Yo debería haber nacido en blanco y negro. Alguien se ha equivocado y exijo la hoja de reclamaciones.

Toda esta obsesión tiene un culpable. Mi padre; señor sabio y curtido, me ha grabado a fuego dos cosas: que los periodistas deportivos son el cáncer del universo, y que todo tiempo pasado fue mejor. Así de sopetón suena todo un poco carca, rollo abuelete cebolleta agitando el bastón con agresividad delante de los chiquillos en monopatín y gritando “esto con Franco no pasaba”. Pero imaginaos la indignación y el susto de mi progenitor al ver en la tele a las Lady Gagas, Justin Biebers, Katy Perrys y demás productos MTVidescos y escuchar esos ruiditos repetitivos que hoy se convierten en canciones de éxito.  Mi querido padre no puede evitar comparar la música de hoy con lo que él escuchaba cuando era un jovenzuelo ligón: Nat King Cole, Sinatra, Elvis, Ray Charles, Ella Fitzgerald… Y claro, yo comprendo que vea de refilón a Nicky Minaj y le dé un ictus.